El inconmensurable Rafael Reig (como diría calamar, soy fan) vuelve a decir lo que a mí me habría gustado decir, o lo que he intentado decir en muchos momentos. A esa carta en concreto yo habría contestado de otra forma, pero qué carallo, no me voy a quejar, cuando yo mismo firmaría las palabras de Reig.
Aquí tenéis el botón:
La sexualidad es una conducta: se hace, no se es. No imprime carácter, como ser sacerdote (u obispo, ¡menudo carácter!). Algunos queremos acostarnos por la noche con quien nos dé la gana, de cualquier sexo, sin que eso nos obligue a ser nada durante el resto del día.
Rafael Reig, Derecho a no serlo.
Domingo. Pegajoso y aplastante domingo. Domingo por la tarde: sofá y lagrimones. A este vago al borde de la reinserción ya le duele el lunes. Domingo corredor de la muerte. Domingo, ¿para qué? ¿Para qué todos los días?
Los inmortales, a ver si encuentro dónde subir el capítulo, para quien quiera escucharlo.
Sábado saliva en la almohada. Conciencia tranquila de un descanso bien merecido. Conciencia intranquila de haber dormido la mitad del sábado. Día de fiesta con tiendas abiertas. ¿Cuántas horas le quedan a este sábado? Estrés de sábado por disfrutar. Sábado en la cuerda floja. ¿Para qué?
Los inmortales, a punto de acabar la semana.
Viernes vaselina. Todo resbala el viernes. El nudo de la corbata se desliza alevosamente. Las cerraduras sudan aceite para que un manojo de llaves desencadenen a la pereza. Todo resbala el viernes hacia el cartel de salida, hacia una meta que se desvanece justo antes de alcanzarla. Viernes, ¿para qué?
Los inmortales, en su línea.
Jueves preludio, jueves a punto. Jueves casi, día de hacer las maletas. Jueves entre bambalinas, mariposa que va a romper el capullo y que morirá en tres días. Jueves, ¿para qué?
Los inmortales, ¿alguien lo dudaba?