También soy fan de Zifra. Cambalache es su blog (uno de ellos, al menos), y aunque escribe poco, de vez en cuando se descuelga con perlas de las de enmarcar. La de hoy, aparte de enmarcarla, quiero compartirla con vosotros. Leedla entera, que merece la pena. De todos los párrafos, selecciono uno, mitad al azar y mitad con doble intención. Por si algún hermano me lee.

No fue el principio de un sueño. Fue el comienzo de una nueva religión con dogmas indefinidos, pero tan alienante como las viejas religiones. Con sus iconos, sus mártires, sus gurúes. Con su catecismo reaccionario y antiracional: New Age desacreditando a la ciencia, superstición homeopática sustituyendo a la reclamación de una medicina científica que no esté en manos de las multinacionales, astrología en lugar de astronomía. Y una auténtica pléyade de estafadores sacando dinero con el Feng-Shui, el eneagrama, la parapsicología, las flores de Bach, las pirámides bosnias, la oniromancia y/o cualquier otro invento exótico basado en milenarias tradiciones inventadas el siglo pasado.

Repito: leedla entera. Nos queda tanto por soñar, aún…

El inconmensurable Rafael Reig (como diría calamar, soy fan) vuelve a decir lo que a mí me habría gustado decir, o lo que he intentado decir en muchos momentos. A esa carta en concreto yo habría contestado de otra forma, pero qué carallo, no me voy a quejar, cuando yo mismo firmaría las palabras de Reig.

Aquí tenéis el botón:

La sexualidad es una conducta: se hace, no se es. No imprime carácter, como ser sacerdote (u obispo, ¡menudo carácter!). Algunos queremos acostarnos por la noche con quien nos dé la gana, de cualquier sexo, sin que eso nos obligue a ser nada durante el resto del día.

Rafael Reig, Derecho a no serlo.