Domingo. Pegajoso y aplastante domingo. Domingo por la tarde: sofá y lagrimones. A este vago al borde de la reinserción ya le duele el lunes. Domingo corredor de la muerte. Domingo, ¿para qué? ¿Para qué todos los días?
Los inmortales, a ver si encuentro dónde subir el capítulo, para quien quiera escucharlo.
Sábado saliva en la almohada. Conciencia tranquila de un descanso bien merecido. Conciencia intranquila de haber dormido la mitad del sábado. Día de fiesta con tiendas abiertas. ¿Cuántas horas le quedan a este sábado? Estrés de sábado por disfrutar. Sábado en la cuerda floja. ¿Para qué?
Los inmortales, a punto de acabar la semana.
Viernes vaselina. Todo resbala el viernes. El nudo de la corbata se desliza alevosamente. Las cerraduras sudan aceite para que un manojo de llaves desencadenen a la pereza. Todo resbala el viernes hacia el cartel de salida, hacia una meta que se desvanece justo antes de alcanzarla. Viernes, ¿para qué?
Los inmortales, en su línea.
Jueves preludio, jueves a punto. Jueves casi, día de hacer las maletas. Jueves entre bambalinas, mariposa que va a romper el capullo y que morirá en tres días. Jueves, ¿para qué?
Los inmortales, ¿alguien lo dudaba?
Miércoles nada. Miércoles barba de dos días. Nada empieza o termina en miércoles. Miércoles a verlas venir, y pasar, y perderse. Miércoles día del espectador.
Los inmortales, sorprendentemente.